Bogotá, Colombia

¡Era amarnos los unos a los otros!


¡El hombre por el hombre! es el grito del humanismo absoluto, que proclama al hombre sin Dios.
Así como no podemos ir a Dios sin pensar en el hombre, tampoco nos es posible ir al hombre sin ver su proyección hacia Dios. Hay entre ambos (Dios y el hombre, el hombre y Dios) una intercomunicación e interrelación que es imposible borrar o si quiera olvidar.

Cuando queremos herir a Dios (olvidándonos de Él), nos estamos hiriendo a nosotros y a los otros. Y cuando nos herimos nosotros y a los otros, entonces herimos a Dios.
Él nos dio una “regla de oro” el mandamiento del amor. Amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado. Sin embargo, nos hemos empeñado en cambiar este precepto por  “armarnos los unos contra los otros”. ¡Por eso las cosas van como van!

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